USA Supernova
Potencias que se apagan y el desastre al que nos arrastran
Los profesores de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, saltaron al estrellato académico(?) el año 2018 de la mano de su libro How Democracies Die, en el que aseguraban que las democracias ya no terminaban con golpes de estado con tanques en la calle(dan el ejemplo de Chile 73), ni con protestas de sus ciudadanos. Lo que explicaban en ese ensayo, era que, como hemos ido comprobando en los años que vinieron, las democracias ahora mueren de forma lenta, invisible y desde dentro. Ya no se necesita un hombre con uniforme que produzca un hecho espectacular, sino que lo hacen hombres de traje, que van cooptando los distintos poderes e instituciones con maniobras al filo de la legalidad, hasta subvertir el sistema.
Antes de que estos señores publicaran su libro, y sus conceptos nutrieran a los repetidores de obviedades que componen cada panel de análisis político en radio y tv, un profesor nos decía que a Estados Unidos ya no le convenía financiar golpes o guerrillas, sino que les era mucho más económico(y efectivo) becar a miembros de las elites de los distintos países, para que fueran a ser adoctrinados educados en algún postgrado universitario en suelo norteamericano. Es que sin lugar a dudas, es mucho más riesgoso mover tropas propias al extranjero, o armar a algún caudillo megalómano, que poder contar con que las elites de ese país comparten tus ideas. Solo a modo de ejemplo, y producto de un repaso rápido, me gustaría resaltar que la totalidad de los ministros de hacienda desde la dictadura hasta hoy, realizaron estudios superiores en EE.UU. La única excepción es Ignacio Briones, que según recuerdo lo hizo en Francia, y que su llegada al puesto sólo se produce porque el paradigma económico ortodoxo se presumía agotado.
En el nuevo mundo que se configuró luego de la segunda guerra mundial, el país del norte no solo hizo uso de su poderosa maquinaria de soft power, concepto que ya está muy manoseado y carente de sentido, sino que se hizo de una verdadera Victoria Cultural. Con esto no me refiero solo a intercambios culturales ni iniciativas diplomáticas impulsadas por el departamento de estado, más bien estoy hablando de la imposición del idioma, la cultura, el consumo, la entretención y los medios de comunicación entre tantos otros. Sin embargo, esta victoria de apariencia orgánica, caló tan hondo que podríamos decir que impuso las normas, así como la moral y estética de las distintas sociedades.
Durante todo este tiempo, la recién nombrada “victoria cultural”, se convirtió en uno de los mayores activos de EE.UU de una forma que parece orgánica. Es en esto que pareciera radicar su mayor virtud, en operar por debajo y desplegarse en el subconsciente de manera casi invisible, Hollywood normalizó los valores que los gringos querían transmitir, al tiempo que las universidades estadounidenses formaron a las élites de otros países y los algoritmos de Silicon Valley aportaron la infraestructura de la vida pública en todo el mundo. Es por lo anterior que toda esta inoculación de ideas y valores opera en un sentido pre-político: le da forma a la entelequia moral que estructura las decisiones políticas. Situación que como es producida de forma subterránea, y casi invisible, es percibida como el sentido común, y no como una dominación.
Sin embargo nada es para siempre, y la hegemonía cultural estadounidense viene sufriendo una lenta, pero constante, erosión en las materias que antes eran claves para sostener ese sentido común que parecía inapelable. La justificación de este fenómeno no se agota en el liderazgo de Trump y su agresiva política exterior, es necesario enfatizar la importancia que tiene la competencia en esta situación. Para ejemplificar esto podemos remontarnos al 2003, año de la invasión a Irak, donde si bien la valoración del país del norte cayó a nivel mundial, la maquinaria cultural siguió operando a plena y sin grandes variaciones. Esto quiere decir que las universidades se mantuvieron en la cúspide de la educación mundial, las películas seguían cosechando éxitos de taquilla y las redes sociales se encontraban en un ascenso meteórico. Hoy pasa todo lo contrario, el resto del mundo se aleja cada vez más de esa industria cultural, y no lo hacemos guiados solo por el sentimiento anti-yankee, aunque influye, sino que es por que existen alternativas.
Para dar algunos ejemplos me gustaría detenerme en los 3 ámbitos a los que me he referido arriba. En primer lugar está la música, que pasó de estar dominada por los angloparlantes, a ceder espacio a los latinos y coreanos, con lo que pasó de tener el 67% de la lista Billboard en 2021 a ocupar solo el 53% en el 2025. El auge del K-pop es tan brutal que en 2024, 17 de los 20 álbumes más vendidos eran de artistas coreanos, siendo Taylor la única artista occidental en estar entre los 10 primeros.
En las universidades el asunto también es dramático, lo que se ve reflejado en la disminución de una cifra cercana al 20% de las postulaciones. Y si bien esto se puede explicar por el factor Trump y la poca certeza respecto de las visas y etc, la caída se viene produciendo desde antes si nos fijamos en el Ranking Mundial de Universidades del Times Higher Education. El 2026, EE.UU metió 102 entre las 500 mejores, escandalosamente más bajo que el peor año que le sigue(2018), donde entraron 125. Todo esto sin mencionar que varias instituciones emblemáticas, como Columbia o Chicago, tocaron pisos históricos. Esto no solo los hace retroceder en los planes de hegemonía, sino que le reporta pérdidas millonarias al país.
Por último nos podríamos detener en la industria del cine y como ha perdido su protagonismo en el mercado mundial durante las últimas décadas. Lo anterior se explica por que la globalización ha hecho posible la circulación fluida de películas de todos los países, cuestión que se ha intensificado muchísimo luego de la irrupción de los servicios de streaming, pudiendo acceder a cualquier película venga de donde venga. Si bien esto salta a la vista, lo que hace innecesario mostrar números, me gustaría detenerme en una dinámica que constituye un buen ejemplo. En el último tiempo el sostén de Hollywood habían sido los tickets que se cortaban en China, sin embargo hasta eso cambió, y la cantidad de cintas pasó de ocupar el 40% de las pantallas antes de la pandemia, a una cifra cercana al 20% el año pasado. Las películas locales representaron casi el 90 % de la venta de entradas en China el año pasado, y las diez películas más taquilleras fueron producciones locales, lo que ya derrama hacia el exterior, pasando de ocupar el 6% a el 17% en la última década.
Sobre el punto anterior, este fin de semana se producirá otra de las muestras de poder de Estados Unidos en esta materia, cuando el día domingo se realice una nueva entrega de premios Oscar. Y es que si prestaron atención, todo el sistema de validación de cada una de los temas que expuse anteriormente, está creado y administrado por ellos mismos, son los estadounidenses los que vigilan la puerta de quien entra y sale de los sistemas de prestigio internacional. Cada posición que cambia en estos rankings nos está diciendo algo, por eso no sería raro que la mejor película de este año fuera la cinta Iraní, que es abiertamente opositora al régimen, lo que podría ayudar en la tarea que no se está pudiendo concretar a balazos. Me gustaría aprovechar para hablar sobre las entregas de premios en la cultura y como han perdido total legitimidad. Por eso ya es difícil encontrarles alguna razón de ser, más que la de ser una ayuda para conocer películas que no advertimos en el momento de su estreno, pero este no es el momento.
El gatekeeping de los certificados de prestigio por parte de la potencia continental, no ocurre solo en el ámbito cultural o académico, sino que también se produce en el ámbito económico con instituciones como las calificadoras de riesgo, pero también, con los organismos de créditos o instituciones que fijan el valor de los commodities o similares. Inclusive, si nos damos el tiempo de pensar, nos daremos cuenta que casi todas las actividades están mediadas por instituciones que operan bajo el paraguas del país del norte. Quizás el mejor ejemplo de una institución que trató de operar por fuera de los márgenes fue la FIFA, pero que igualmente fue disciplinada. Esto luego de haber insultado a los estadounidenses al no nombrarlos sede del mundial en desmedro de Rusia y Qatar, lo que provocó una investigación que derivó en un sinfín de arrestos. Esta situación transformó la estructura de poder del organismo, hasta convertirlo en un perrito faldero de Trump, lo que queda de manifiesto con cada acción de Infantino, su presidente actual, que tuvo la desfachatez de inventar un premio para Trump: El premio Fifa de la paz.
Toda este desplome de Estados Unidos se produce sin que exista otra potencia que le esté arrebatando el puesto, es difícil pensar en otra cultura que pueda hegemonizar todo, como si lo hicieron los gringos. Esta especie de balcanización de la hegemonía cultural funciona como un espejo del reordenamiento que se está produciendo en el orden político internacional, pasando de un mundo alineado en torno a dos potencias, a uno de carácter multipolar. En donde ya no habrán hegemones mundiales, sino que cada potencia “local” tendrá su área de influencia.
Esto supone problemas en 2 cuestiones, por lo menos. Lo primero es que nadie entrega el poder sin pelear, lo que seguramente puede explicar la cantidad de conflictos bélicos y demostraciones de fuerza que ha iniciado el señor de tez naranja en el último tiempo. Cuántos de estos obedecerán a un plan, y cuántos se pueden explicar como un intento desesperado de la potencia en decadencia para mantener la hegemonía, ya no por un aceitado sistema de influencia cultural y soft power, sino que derechamente con el uso del hard power. Y no es solo EE.UU, pensemos en Rusia y sus últimas incursiones militares en ex países de la URSS, que han sido sino un intento por volver a dominar esos territorios y culturas. Con esta dinámica, la potencia en decadencia nos puede arrastrar a todos a un mundo caótico y sin instituciones que sirvan para reponer el orden, en donde si no son ellos los que controlan el juego, no van a dejar que nadie lo haga.
El segundo problema, es que la pluralidad de códigos culturales que surjan una vez terminada la hegemonía gringa, no produzcan una heterogeneidad virtuosa, sino que esta fragmentación nos conduzca al fin de la globalización. Esto sería producto de no contar con ninguna referencia cultural compartida, como las que, anteriormente, la posibilitaron de manera invisible. Para ilustrarlo con ejemplos bíblicos, un mundo sin centro de gravedad cultural podría ser más parecido a la Torre de Babel, que al día de Pentecostés.
Gracias por leer, compartir e invitar mas gente. Sigo recibiendo sugerencias y correcciones por interno. Feliz si alguien tiene un buen corrector ortográfico que me recomiende, aun no encuentro uno infalible.
Perlitas que quedaron fuera
Irán: Descubrí un canal de youtube muy bueno para entender los acontecimientos que se están desarrollando en este momento. Se llama Under Periodismo
Cambio de mando: Terminado el gobierno de Gabriel boric me permito compartir, lo que a mi gusto, es el mejor análisis que se hizo sobre el periodo prescidencial. ¿Qué es lo especial de esta columna? Que Alberto Mayol la escribió el año 2018, 4 años antes de que el presidente asumiera.
Anatomía de un instante: Ya circula por internet la miniserie basada en el librazo de Javier Cercas, que narra el fallido golpe de estado ocurrido en España el 23 de Febrero de 1981. Aquí el trailer de la miniserie que tiene 4 capítulos, y está a la altura del libro de Cercas. Además este año el gobierno desclasificó muchos archivos de la época, lo que tuvo a Cercas dando muchas entrevistas que se pueden encontrar en Youtube.
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