Una batalla tras otra
Guerrilleros que luchan solos contra la soledad
Hace unos días se estrenó la décima película del director estadounidense Paul Thomas Anderson, que viene con una racha de muy buenas películas y que traía como novedad la inclusión de Leonardo Dicaprio como protagonista, además de Sean Penn y Benicio del Toro en papeles secundarios. Yo la estaba esperando con ansias, esto por que otros estrenos del año no habían estado a la altura de las expectativas.
One Battle After Another se basa en un libro de Tomas Pynchon que sitúa la acción en 1984, año de la elección de Ronald Reagan y de la certeza incontestable de que el neoliberalismo había llegado para siempre, lo que trajo consigo el fin de cualquier intento por revivir los restos que quedaban de algún tipo de contracultura. La película funciona porque el director traslada ese espíritu a un presente reconocible, donde las viejas batallas ideológicas están un poco sobreactuadas para luchar contra el olvido.
La película se organiza en 2 tramas que funcionan como espejo una de la otra pero separadas por un salto temporal. Por una lado estarían The French 75, un grupo guerrillero que lucha contra las políticas anti migración, liberando centros de confinamiento y poniendo bombas en instituciones afines. Por otro lado está el grupo de supremacistas blancos llamado Christmas Adventurers Club, que además de su devoción por el viejito pascuero, hacen todo lo que pueda atribuirse a un grupo de supremacistas blancos.
La parodia que el director hace del grupo supremacista es muy buena y tiene muchos recursos, como el arribismo, clasismo, racismo y un sinfín de ismos que se prestan para la caricatura. Así mismo el autor se hace de otros ismos para hacer una crítica más descarnada e igualmente graciosa de la contraparte, que vendrían a ser una especie de Social Justice Warriors. Sin embargo la gracia de la trama está en cómo dialogan estos dos mundos a través del personaje de Sean Penn, quien es dominado por la atracción sexual hacia su contraparte, a quien por origen y creencia, debería odiar. En el otro bando está Teyana Taylor, que le ocurre con Penn, lo mismo que a Penn le ocurre con ella.
Como ocurre en muchas películas de PTA, esta tiene muchas capas de significados, lecturas y sobre lecturas por todos lados. Por lo anterior, me aproximé al cine tratando de cruzarme con la menor cantidad de críticas, para poder llegar a conclusiones lo más genuinas posibles. Completada la tarea, y con ganas de ir a verla por segunda vez, me propuse intoxicarme de la mayor cantidad de análisis posibles, primero para ver si alguien más estaba pensando como yo, y segundo, para ver qué cosas había pasado por alto, o que no les había dado importancia. Obviamente, después de esto, entendí cosas que no había entendido la primera vez y otras que no me gustaron en un principio, ahora me parecieron más atractivas, como la secuencia de persecución en auto del final.
Por eso me llamó mucho la atención una frase que le escuché esta semana a un candidato a la presidencia, en donde hablaba sobre el rol de la cultura en su posible gobierno. Es que en el marco de la tan mentada batalla cultural que está librando la derecha alrededor del mundo, le preguntaron por su visión de la cultura, a lo que respondió que no tenía ningún problema con el arte que no hay que explicar. Me dejó pensando esa frase, y pese a que no elaboró mucho más que eso, luego añadió que: que si tienes que explicar el arte es porque hay una estafa de por medio .
Me encanta cuando una obra esconde capas de significado bajo la imagen inicial que entrega, disfruto mucho que un dato extra me pueda cambiar la percepción completa de la obra, o que pasar por alto cierto dato, haga que no me de cuenta de alguna cosa trascendente. Obviamente tampoco es cuestión de ser exagerado, así como me gusta el simbolismo, me causa mucho rechazo esas obras que son solo significado, donde cada movimiento tiene una justificación de contenido y no estética. Son muy agobiantes las obras que para entenderlas uno tiene que ser una persona instruida en la materia, o mucho peor aún, en la historia del artista.
Esto último pasa mucho con la obra de Taylor Swift. Quienes no entendemos nada de ese fenómeno sólo podemos juzgar, si acaso nos gustan o no sus canciones por lo que escuchamos. A diferencia de lo anterior, cuando nos enfrentamos a una fanática, vemos que de la misma canción se pueden obtener capas y capas y capas y capas de referencias y significados. Ex pololos, entregas de premios, lo que dijo en otra canción, una pelea con otro miembro de la Industria, etc.
Volviendo al punto, me parece raro dividir el arte entre el que hay que explicar y el que se explica solo, me dejó pensando bastante rato la definición del candidato. Además, desde ahí que estoy tratando de ver qué obras caen en una categoría y en la otra, pero realmente me resulta difícil pensar en piezas que calcen perfectamente en una o en otra categoría. Pero quizás yo no entendí muy bien lo que quiso decir el candidato, o simplemente es una idea que tiene que explicar…
Volviendo a la película y las múltiples lecturas que se pueden hacer a partir de ella, especialmente de la política, tanto estadounidense como general, hay dos cosas en las que me gustaría profundizar. La primera tiene que ver con el grupo revolucionario de los french 75 y de cómo la historia y la cultura han ido abordando los procesos de las guerrillas revolucionarias en la historia. Cuando se narran estos grupos y sus procesos, hay personajes, que pese a existir no son abordados con la profundidad que deberían. Todos conocemos historias de guerrilleros que murieron en combate, o que se pudrieron en la cárcel, o que dejaron sus armas para pasar al activismo político, pero poco se habla de los que traicionaron la causa sin pasarse al otro lado, o los que dieron todo y se sintieron traicionados y excluidos, o a los que simplemente se les apagó la llama.
Durante la película me acordé mucho de uno de los libros más espectaculares que he leído en el último tiempo, La llamada de Leila Guerriero, que habla sobre una mujer secuestrada por militares y que fue liberada mientras todavía sucedía la dictadura. Su inserción al mundo que conocía antes es imposible pues todos desconfían de alguien que sobrevivió en el mismo lugar donde la gran mayoría desapareció. Además de contar todo lo terrible que le ocurrió estando secuestrada, el valor del libro es mostrar las dinámicas que ocurren entre los miembros de estos grupos, donde la paranoia sólo es superada por un ánimo de victimización permanente. Característica muy comprensible, ya que estos mismos vivían bajo la amenaza permanente de ser infiltrados y capturados, sin embargo estas historias nunca se recogen y se desarrollan.
Eso especial que tiene el libro, también lo tiene la película al mostrar cómo el personaje de DiCaprio va envejeciendo y tiene que sortear la paternidad en soledad, y luego, cuando el pasado lo viene a buscar tiene que integrarse a la estructura desde un lugar de escepticismo. Me gustó mucho eso de la película, que no se detuviera en lo que podríamos llamar heroísmo, sino que se atreviera a desarrollar los personajes hasta el punto en que las contradicciones se hacen insostenibles y armonizar la historia es una tarea casi imposible.
Lo otro que me llamó la atención, es como el director logra interpretar esa idea que Byung-Chul Han escribió hace un tiempo, sobre que el hombre ya no es el explotador del hombre, sino que el hombre es el explotador de sí mismo. Es que la lucha no es hacia afuera, sino que hacia dentro, y así como la sociedad disciplinaria foucaultiana producía criminales y locos, la sociedad del rendimiento produce sujetos fracasados y depresivos. Es por esto que el personaje de Dicaprio, el guerrillero, se ve tan ridículo e inútil desenvolviéndose en la sociedad actual.
Por esta lectura creo que la idea que motiva la película es la que gira en torno al personaje Del Toro y su gran familia de migrantes. Ese refugio de simplicidad excesiva, en donde la resistencia trabaja fuera del foco de las cámaras y las consignas incendiarias, en contraposición a los delirios idealistas de los otros dos bandos enfrentados. La resistencia cotidiana, el trabajo en conjunto y la ayuda desinteresada se revelan como la única forma de heroísmo posible.
Lo anterior se lo atribuyo a que las ideas de los setentas, del individuo que luchaba contra un opresor, están totalmente desdibujadas en el presente. La opresión ya no viene de afuera, sino que desde lo más profundo del ser: la pérdida de la comunidad, la soledad, la atomización y la falta de sentido. La película me pareció buenísima porque logra exponer muy bien ese tránsito, del enemigo representado en la otredad al enemigo al interior de cada uno.
Gracias por llegar hasta aquí y acompañar este divague, la verdad es que me fue difícil encontrar un tema para escribir estos días. Espero les haya gustado y que sigan recomendándoselo a más gente.
¡Nos leemos!
3 Perlitas que quedaron fuera
Cielos Chilenos: En la campaña presidencial hay un tema que está pasando debajo del radar en medio de la discusión por la permisología. La discusión sobre el cuidado de la oscuridad en los cielos chilenos y como favorecen a la observación astronómica, un patrimonio muy especial que tenemos la suerte de tener en Chile. Aquí un Perfil del New York Times de un@ de l@s que están luchando por mantenerlo así.
The diplomat: Se estrenó la 3era temporada de esta serie de Netflix sobre una embajadora estadounidense en Inglaterra. La serie es muy vertiginosa y tiene unos personajes y locaciones espectaculares. Esta muy buena para los viudos de House of Cards y ya confirmó una cuarta temporada. Aquí el trailer.
IrinaMaquilla: Descubrí esta cuenta de instagram de una maquilladora profesional (MUA como se dice ahora) que sube unos videos relatando su experiencia en el estadio semana a semana. Introduce unos conceptazos y tiene una forma de relatar muy graciosa. Aquí su cuenta de Instagram.
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